Algunos historiadores apuntan a la falta de una estética precisa al comienzo del surrealismo. Sin embargo, uno de los primeros en hablar de una estética surrealista es André Bretón en el Primer Manifiesto Surrealista, ya que habla de Reverdy y su estética, esto no es más que la expresión del pensamiento de forma poética, es decir, a partir de imágenes. Es verdad que el movimiento nunca estableció unos parámetros fijos sobre la estética o las técnicas que debían de seguir los artistas surrealistas, pero de hecho, este movimiento defiende la creación libre del artista como función automática de sus sueños y pasiones. El Surrealismo cuenta con una impresionante masa teórica que acompaña a la estética del movimiento, desde el propio Bretón a Hegel, Marx, o Freud. Podemos hablar en este sentido de una filosofía del surrealismo más que una filosofía surrealista entendida como sistema.
Parte de una visión del mundo y del hombre de una manera inédita a comienzos del siglo XX con todas las formas de racionalismo de la actividad filosófica. En el año 1955 Ferdinand Alquié se referirá al Surrealismo como “una teoría del amor, la sexualidad, el arte, y la imaginación, se dota de una estética, de una moral y una política y de una forma de liberación, y de conocer la verdad”. Esta filosofía es una forma de abordar un pensamiento del hombre y del universo entero, lo que da derecho a Bretón a llamar al surrealismo como una síntesis hegeliana de todas las formas de dualidad polarizada autora del imaginario. Entendemos la estética de Hegel según aquel que no imita la naturaleza y el producto propio de su universo de representaciones así como la obra de arte según el espíritu humano que la realiza. El pensamiento surrealista es también momentáneamente inspirado en la místida de la Kabbala pero medido por Bretón.
Por otra parte, aunque los artistas no participen de una estética o unas pautas artísticas comunes, sí que se empapan del entorno surrealista a la hora de abordar y crear su obra. En este sentido, muchos autores han analizado este tema con posterioridad, tal es el caso de Sartre, el cual ve en el surrealismos un aspecto negativo de la sociedad, el miedo a la guerra, siendo la vigilia una vía de escape a la sociedad contemporánea. De esta teoría participan también historiadores como Bonet Correa, entendiendo al grupo surrealista como una generación negativa, que ha vivido y participado en la guerra, sufriendo aún estas secuelas, y siguiendo adelante con cierta rabia. Es en este sentido en el que los surrealistas repudian la sociedad y quieren alejarse de la realidad y la imagen que esta representa. Uno de los banderizos surrealistas, Guillaume Apollinaire, se alistó de voluntario para combatir en la guerra, ya que en ella veía caos y belleza, una imagen ideal de la muerte y la destrucción. Sin embargo, todo este imaginario cambió con la realidad de la guerra y la muerte de este a causa de ella, por lo que los surrealistas vieron a una sociedad contemporánea auto destruyéndose con sus propios medios, creyendo a su vez, que las imágenes creadas en la mente de cada individuo, tenían mucho más valor que las reales.
De esta forma, los surrealistas prefirieron hacer caso omiso de la realidad y guiarse por las imágenes que sus sueños y su vigilia producían, convirtiendo a estas en imágenes reales y verdaderas de la naturaleza del sujeto. Es por esto por lo que identificamos al surrealismo como un movimiento en el que cada artista representa su propio mundo interior, sus necesidades y sus deseos más profundos.
Uno de los términos estéticos referidos a surrealismo es el de lo maravilloso. Siendo bretón un literato y no un artista plástico, quiere introducir este término a su propio campo. Sin embargo, extrapola el término a todos los ámbitos de la cultura, incluso habla de lo maravilloso en diferentes épocas. Entiende que lo maravilloso participa de un todo del que sólo percibimos ciertas partes; un ejemplo de ello son las ruinas románticas o un maniquí, pero puede participar de ello todas las cosas que conmuevan nuestra sensibilidad durante un periodo de tiempo. Lo maravilloso no participa del gusto, del buen gusto de la crítica y la sociedad, sino que influye directamente sobre el sujeto impactándolo de cierta manera.
“Lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello”
ANDRÉ BRETÓN
Primer Manifiesto Surrealista
En cierto sentido, podríamos relacionar lo maravilloso con el término romántico de lo sublime, ya que esto también afecta directamente al individuo, provocándole una emoción o impacto en su interior, que mueve las pasiones más profundas del espíritu. De esta misma forma, rechazan la realidad, la cotidianeidad, la sociedad y sus gustos, al igual que lo hacían los autores románticos, cuya negatividad y dejadez hacia la cultura contemporánea los llevaban a trasladarse a tiempos pasados o a lugares casi ideales e irreales, los cuales movían sus pasiones y les hacían sentir realmente vivos.
Referencias
BARREIRO, Barbara.la estetica surrealista.Universidad de oviedo.Septiembre 2014.Disponible en: http://www.revistadefilosofia.org/58-20.pdf
Referencias
BARREIRO, Barbara.la estetica surrealista.Universidad de oviedo.Septiembre 2014.Disponible en: http://www.revistadefilosofia.org/58-20.pdf
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